miércoles, octubre 29, 2008

Pasiones, genes y política

Nuestro buen amigo David Redoli, incansable activista, militante y asesor político y social, me hace llegar un artículo suyo sobre la pasión política de la que yo he escrito sobre su ausencia algunas veces. Es algo largo pero vale la pena leerlo, ya que introduce la variante genética en la comunicación política. Yo le reivindico discutir más sobre ello, además de abrir nuevos espacios para que la pasión política y las emociones puedan expresarse en el Partido Socialista. Redoli me contesta que en los partidos se reduce la pasión a la mínima expresión para evitar tensiones que son difíciles de gestionar. Seguramente tiene razón pero cuando eso pasa en la izquierda, estamos apagando la llama que alimenta el alma de los progresistas. Insisto, deberñiamos discutir más sobre ello.

LAS EMOCIONES Y LOS GENES, NUEVOS PROTAGONISTAS DE LA POLÍTICA


La neurociencia, la psicología, la ciencia cognitiva, la biología, la lingüística y la teoría de la comunicación han dejado claro que nuestra forma de entender y de hacer política tiene dos claros protagonistas: nuestras emociones y nuestros genes.
Vayamos primero con las emociones. Investigadores como Antonio Damasio, Robert Entman, el premio Nobel de Economía Kahneman, Daniel Goleman o, en España, el equipo de “el cervell recuperat” de la Universidad Autónoma de Barcelona, han puesto en evidencia que la visión estrictamente racionalista de la política es incorrecta. La inteligencia, la razón son, por supuesto, cuestiones importantes para la lucha política. Pero no lo son todo. Ni mucho menos. De hecho, estudios como The Political Brain (Drew Westen) o The Political Mind (George Lakoff) no dejan lugar a dudas: nuestros mecanismos mentales responden, fundamentalmente, a lo que la emoción nos sugiere y a lo que percibimos debido a los sentimientos. Es decir: es la combinación de nuestra carga genética con el modelaje que hayan experimentado nuestras redes neuronales (a través del proceso de socialización), lo que determina, en gran medida, nuestra forma de interpretar el mundo. Así, la teoría del actor racional, según la cual votamos en función de nuestros intereses económicos, es errónea. La gente cree o no a un determinado político (o a un determinado partido) en función de su experiencia vital (que define, en gran medida, los valores y las actitudes del votante).

Las asociaciones neuronales que se activan en nuestro cerebro, lo hacen al recibir “instrucciones” mediante impulsos nerviosos construidos a partir de un entorno cultural determinado. Un entorno cultural que, en gran medida, está definido por las metáforas. Y es que las metáforas son determinantes para la comprensión de la realidad. Una metáfora es una transferencia de evocaciones, de connotaciones y de significados para contar algo nuevo en términos de algo conocido. Detrás de cada conocimiento hay un pensamiento metafórico. Podríamos decir que, sin metáforas, no hay realidad.

Si no hemos creado las metáforas necesarias para hablar de una determinada realidad, esa realidad no cobrará vida, no existirá. Un ejemplo: la alta tasa de suicidios en Tahití hace décadas se debía a la ausencia del concepto de “pena” entre los habitantes de esa isla, tal y como emostró el antropólogo Bob Levy. Si no había metáfora para definir una realidad, esa realidad no podía ser definida (lo cual no significaba que los habitantes de ese territorio en medio del océano Pacífico no sintieran “pena” ante hechos luctuosos. Simplemente no sabían cómo rocesarla socialmente).

Así, volviendo a la política, la mayoría de los ciudadanos votamos a través de lo que pensamos sobre nuestro partido y sobre nuestro candidato... Sin percatarnos de que lo que cavilamos está definido por lo que sentimos a través de las metáforas con las que hemos aprendido a omprender nuestro entorno, a "sentir la vida". Por eso los asesores políticos se esfuerzan tanto en activar metáforas amables para su candidato y negativas para el opositor. Un ejemplo: si mi contrincante habla de terrorismo, yo hablo de paz. Si habla de un país dividido, yo hablo de la patria de todos. Y si trata a los inmigrantes ilegales como delincuentes, yo hablo de trabajadores inmigrados necesarios para el desarrollo social y económico de mi país. Todos hemos visto casos de este tipo en cualquier campaña o debate electoral.
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No es manipulación. Es crear las condiciones óptimas de comunicación para que los votantes elijan entre mensajes que sean comprendidos por el electorado, en positivo. Una cosa está clara: sin una buena comunicación no se puede ganar ninguna batalla política, aunque se tenga razón en los contenidos. Por eso, los debates políticos que apelan tanto a la razón como a la emoción, son decisivos. Se podría resumir en una frase: la pelea está más en entusiasmar que en convencer, en emocionar que en demostrar. Persuasión desde la emoción, más que desde la razón, pero sin desequilibrar demasiado la balanza entre la cabeza y el corazón.
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Y si aunar razón y emoción es complicado, no olvidemos al otro de los invitados: la genética. De acuerdo a los descubrimientos científicos de James H. Fowler, Christopher T. Dawes y Laura A. Baker (investigadores de la Universidad de California), hay dos genes (de entre los 25.000 con los que contamos) que influyen sobremanera en nuestra disposición a la participación política y a la propensión a preocuparnos (o a despreocuparnos) por el espacio público. Se trata de los genes MAOA y 5-HTT, ambos relacionados con la estimulación de un neurotransmisor cerebral (la serotonina) que genera bienestar, sociabilidad y confianza.
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El trabajo de estos científicos (publicado este mismo año en la revista American Political Science Review, reveló que las personas portadoras de una modalidad del gen MAOA (monoamino oxidasa A) y del 5-HTT tienen más actividad social y tienden a implicarse políticamente mucho más que aquellos individuos que no portan esa variante del gen. Por supuesto, no es que exista un gen que condicione la orientación de nuestro voto (algo imposible de suceder, por otra parte, porque los comportamientos sociales complejos son el resultado de la acción de centenares de genes que interactúan estimulados por decenas de factores sociales). Pero sí se trata de saber en qué medida se halla en nuestra programación genética cierta predisposición, positiva o negativa, hacia la participación y la acción política. Es, en cualquier caso, una “complejidad” más a explorar por parte de politólogos, sociólogos o psicólogos que presten asesoría política. Un nuevo reto, en definitiva, para entender las conductas y las actitudes políticas de los ciudadanos, tan emocionales como intelectuales, tan biológicos como sociales.
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Y es que, como sentenció el poeta inglés Charles C. Colton hace ya más de dos siglos: “El hombre es la encarnación de la paradoja”. Sigamos investigando, por lo tanto, sobre cómo podemos mejorar las paradójicas formas en las que nos comunicamos y nos comprendemos... sea o no para ganar o perder elecciones.

lunes, octubre 27, 2008

Los siete pecados capitalistas


Ignacio Escobar, Director del Diario PUBLICO nos ha descrito brillantemente en un artículo publicado el domingo 26 de octubre los siete pecados capitales del capitalismo salvaje. Vale la pena leerlo.


1- La lujuria especuladora
Un barco petrolero tarda más de cuatro semanas desde que sale del Golfo Pérsico hasta que llega a Estados Unidos. En ese tiempo, puede que la carga se haya devaluado tanto que el dueño del barco se arruine con el trayecto, que haya pagado por el crudo un precio mayor en el puerto de origen de lo que cobrará cuando llegue a la refinería. Para evitar este riesgo -en el petróleo y en otros mercados de materias primas-, se inventaron los contratos de futuros: una fórmula que consiste en pactar de antemano el precio de venta del pedido para una fecha determinada. Cuando se cierra el contrato, ni el comprador ha pagado ni el vendedor ha entregado la mercancía; pero el compromiso es igual de firme.
En aquel momento parecía una buena idea. El problema vino después, cuando los especuladores se aprovecharon de este mercado ideal para los trileros, pues se puede vender y comprar lo que aún no se tiene. Si apuestas con cientos de millones de dólares en el mercado de futuros a que el petróleo subirá, en efecto, el petróleo sube y tú ganas; en economía las profecías tienden a cumplirse si hay dinero suficiente. Los mismos inversores que primero crearon la burbuja punto com y después la burbuja del ladrillo, consiguieron elevar el precio del barril de crudo de 40 hasta 140 dólares en solo cuatro años. Impunemente.

2- La pereza de los reguladores
Por suerte, la burbuja del petróleo explotó a mediados de este verano. ¿La razón? Un pequeño cambio en la regulación de la SEC (el organismo que controla la bolsa estadounidense) obligó el 14 de julio a los especuladores que estaban jugando a la baja contra la cotización de los bancos a que respaldasen sus apuestas con acciones, por lo que tuvieron que sacar su dinero del mercado de futuros del petróleo para no perderlo en banca. Desde esa medida, que no buscaba atajar la burbuja petrolífera sino proteger a los bancos de los caníbales, el precio del crudo no ha dejado de bajar. El 14 de julio, cada barril costaba 144 dólares. El viernes rozó los 60 y sigue cayendo, pese a que la OPEP ha recortado su producción un 5%. Si basta con un pequeño cambio regulativo, tan sencillo que ni siquiera se vota en ningún Congreso, para evitar comportamientos tan dañinos para la economía mundial como la burbuja del petróleo, ¿por qué tanta pereza a la hora de evitar la especulación?

Han tenido que temblar las catedrales de Wall Street para que la mayoría de los organismos reguladores, también la CNMV española, se atreviesen a prohibir determinadas prácticas especulativas. De momento, estas restricciones son temporales, aunque en el debate mundial sobre el nuevo capitalismo muchos piden que sean permanentes. Para ello hace falta un paso previo, tal vez el único que se dé en la cacareada cumbre del 15 de noviembre: la puesta en marcha de un organismo supranacional para vigilar la economía globalizada. Alguien con algo más de prestigio internacional que el FMI.

3- La envidia del paraíso fiscal
Una cadena es tan débil como su eslabón más débil. En un mundo donde las fronteras existen para las personas pero no para el dinero, de poco vale que el G20 se comprometa a asumir nuevas normas si no aísla a un G40 del que apenas se habla: los 40 países ladrones, los 40 paraísos fiscales. Según la OCDE, en estas cuevas piratas se esconden de los impuestos entre 5 y 7 billones de dólares, una cifra que equivale al 13% del PIB mundial. La mitad de las multinacionales que cotizan en el español Ibex 35 tienen empresas en estos paraísos fiscales, con lo que eluden pagar impuestos a ese mismo erario público al que ahora piden ayuda. En los últimos 20 años, el dinero que guardan estos países se ha multiplicado por seis. Curiosamente, la distancia entre los sueldos de los altos directivos y los trabajadores ha crecido en ese tiempo en una proporción similar.

4- La codicia de los directivos
En 1980, un alto ejecutivo estadounidense ganaba de media 42 veces más que un trabajador. Hoy gana 364 veces más: en solo un día lo que los demás en todo el año. El problema no es solo la desigualdad social, que también. Lo más preocupante es que se premie a los ladrones y a los inútiles. En palabras de la canciller alemana, Angela Merkel, “comprendo que gane mucho quien hace mucho por su empresa y sus empleados; pero ¿por qué se debe ahogar en dinero a los incompetentes?”. Es lo que a veces pasa cuando la retribución del primer ejecutivo está supeditada al corto plazo de la bolsa y no al largo plazo de la empresa. En muchas ocasiones (Enron es el ejemplo más sonado pero no el único), los fuegos artificiales que tanto gustan a los inversores bursátiles van contra los intereses de la propia compañía. A la larga, la cotización bursátil también se hunde. Pero suele ser después de que el alto directivo haya vendido sus stock options.

5- La gula de los inversores
Lo que es bueno para el directivo no es bueno para su empresa. Lo que es bueno para el especulador del petróleo no es bueno para la economía mundial. Lo que es bueno para el vendedor de hipotecas subprime no es bueno para el banco que presta el dinero. En todos los fallos del capitalismo que ahora han aflorado hay un elemento común: una distorsión perversa en el sistema de recompensas donde no se premia al que genera riqueza sino al que la destruye.
El capitalismo ha funcionado sobre una premisa que suele ser cierta: del egoísmo individual se obtiene un progreso colectivo. La ambición de los empresarios también es buena para los trabajadores, pues todos ganan aunque sea en menor medida. Sin embargo, el castillo de naipes se hunde cuando se premia al pirómano, cuando la recompensa del que da préstamos hipotecarios a gente sin trabajo no está supeditada a que esas hipotecas se paguen sino a vender todas las posibles -su comisión iba en ello-. Lo mismo sucedía en el siguiente nivel, donde el que respaldaba estas hipotecas subprime tenía como negocio agruparlas con otras miles y venderlas en el mercado. Que se cobrasen o no tampoco era su problema. Tampoco era problema de las agencias de calificación, que estuvieron garantizando la salud del sistema hasta dos minutos antes del hundimiento; por algo cobraban de los mismos bancos a los que avalaban. No era problema de nadie y ha acabado siendo problema de todos.

Aunque las subprime es el pastel más famoso, no es el único tóxico que ha engullido el mercado en estos últimos años de dinero fácil y hambre financiera voraz. El capital se empachó porque no sabía qué comía: el mercado de derivados consistía en vender paté de cerdo como si fuese foie gras de oca; cuestión de una bonita etiqueta. Funcionó bastante bien hasta que a alguien se le ocurrió mirar qué había dentro de la lata.

6- La ira del planeta
Dice José María Aznar, y no es el único inconsciente, que ahora que los bancos van mal no hay dinero para salvar el planeta. La realidad es la contraria, pues detrás de uno de los fenómenos más preocupantes de la economía están precisamente los desastres generados por el cambio climático en la agricultura mundial. La crisis alimentaria es un problema económico en su realidad más cruda, pues aquí no se pierden ahorros sino vidas humanas. La lucha contra la contaminación es, en realidad, el mejor ejemplo de los males del capitalismo: solo se soluciona con regulación estatal, hace falta coordinación internacional, sus beneficios son indudables y, en resumen, nunca lo abordarán aquellos que solo piensan a corto plazo, aunque sea la inversión más rentable, con diferencia. ¿Hay acaso alguna mejor que salvar el planeta?

7- La soberbia del PIB
¿Un país más rico es un país mejor? No siempre. Según los datos del PIB, México está a punto de superar a España. ¿Es un país como México, donde hay familias que pierden su casa porque no pueden pagar las letras de una licuadora, un país mejor que España? México también es el país desarrollado donde mayor es la brecha entre ricos y pobres, según el último informe de la OCDE que se presentó hace unos días. Por desgracia, la desigualdad, la educación o la sanidad no cuentan con indicadores tan precisos como la inflación, el paro o el PIB. Los datos económicos son difíciles de esconder. Sin embargo, los indicadores de desarrollo humano no son homogéneos ni sistemáticos, los políticos pueden apostar a que, con una buena campaña publicitaria, hasta la sanidad pública más deteriorada pasará por buena.

Una vez más, es un problema de recompensas. Lo que es bueno para el PIB no siempre es bueno para la sociedad, de poco sirve que aumente la riqueza si solo se benefician de ello los que ya son ricos, los mismos que nunca lo pasarán verdaderamente mal por mucho que se agrave la situación económica. En España, por ejemplo, la crisis va por barrios. Esta semana abrirá en la milla de oro de Madrid la exclusiva joyería neoyorquina Tiffany’s. Los hay que siempre desayunarán con diamantes.

sábado, octubre 25, 2008

Hablar de sexo...en árabe

Javier Espinosa, corresponsal de EL MUNDO en Líbano, escribe en la edición digital del diario una interesante crónica que nos ilustra cómo las mujeres árabes luchan por romper algunas de las cadenas del machismo de las sociedades que las atenaza. No en vano, las mujeres en Líbano están a la vanguardia de ese movimiento como nos deleitó la deliciosa película "Caramel".

BEIRUT.- "¿Pero es vamos a ser como los animales? ¡Si pensamos que el sexo es una actividad que se puede practicar en público, pues comencemos ahora mismo, en esta misma sala!¡Todos a practicar el sexo, vamos!". La intervención airada de la invitada de Emiratos Arabes Unidos (EAU) al Segundo Foro de Mujeres Árabes provocó una estruendosa carcajada entre todas las presentes y la adhesión fervorosa de un sujeto, que llegó a levantarse de su asiento aplaudiendo a la susodicha y declarándose presto a responder a cualquier requerimiento en tal sentido.

Una libanesa que se identificó como Carole Arayed irrumpió en el debate quejándose de la comparación establecida por la señora. "¡No somos animales, pero las mujeres tenemos derecho a nuestra sexualidad! ¿O es que vamos a terminar como pasó en ese país árabe donde apedrearon a una pareja de camellos porque el camello estaba practicando el sexo con la camella?", soltó a través del micrófono.

Intercambios tan singulares como el presente se prodigaron este viernes durante la clausura del Segundo Foro de Mujeres Árabes que se celebró en Beirut, que dedicó la jornada a debatir sobre sexo y belleza femenina en una región donde esta temática todavía sigue siendo un tabú.
La convocatoria reunió a más de medio millar de empresarias, artistas, políticas, feministas y activistas de los derechos humanos de mundo árabe.
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Para sber más:
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miércoles, octubre 22, 2008

Inmigración selectiva, entre la necesidad y la verguenza

La crisis económica hace emerger un discurso político, económico y evidentemente social contradictorio a favor de cerrar las puertas a la inmigración legal tradicional. Adiós al obrero rumano, al temporero marroquí o a la camarera ecuatoriana. Pero la realidad es que necesitamos para seguir creciendo mano de obra qualificada y más técnicos universitarios, así pues bienvenidos los ingenieros colombianos, los sanitarios filipinos o los técnicos peruanos. A pesar de la crisis económica y del fuerte aumento del paro, España tiene una falta acuciante de profesionales cualificados.
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Si queremos mantener la competitividad de nuestra economía, cada año deberían entrar en nuestro país 100.000 inmigrantes cualificados, según asegura el III Anuario de la Comunicación del Inmigrante en España, editado por Etnia Comunicación, que se presenta hoy en Madrid.
Ya lo apuntaron la OCDE y el Banco Central Europeo: de aquí hasta el año 2020, España necesitará 1,3 millones de profesionales cualificados para cubrir la brecha existente entre la oferta del mercado de trabajo y la demanda de perfiles cualificados.
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Hasta ahora, la contratación de personas extranjeras se había centrado en los sectores servicios y el de la construcción. Sin embargo, la tendencia está cambiando y las empresas demandan en la actualidad otro tipo de trabajadores. Por poner un ejemplo, se necesitan 25.000 ingenieros, principalmente de telecomunicaciones, y las compañías del sector ya han lanzado un S.0.S. para poder cubrir estos puestos. El auge de las nuevas tecnologías y el desarrollo de los entornos de Internet han provocado que se dispare la demanda de licenciados y técnicos en telecomunicaciones. El número de licenciados que salen de las Universidades no es suficiente para cubrir la demanda de estos profesionales. Es más, los licenciados universitarios de estas ramas han caído un 20% en los últimos 10 años y, además, muchos de ellos se marchan al extranjero en busca de mejores salarios.
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Todo ello nos lleva a la conclusión de que necesitamos inmigrantes pero de alta qualificación. Inmigración selectiva y profesional. Hasta aquí perfecto, pero si defendemos que para que se desarrollen los países pobres -y se reduzca l ainmigración ilegal así como la legal de mano de obra poco qualificada- se debe invertir en capacitación humana y educación, pero al mismo tiempo les hacemos una OPA sobre sus mejores técnicos, ¿como pueden entonces dar un salto hacia el desarrollo económico y social? Además pretendemos hacerlo sin compensarles por la pérdida o fuga de sus cerebros.
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Es un debate complejo y de difícil solución, pero lo que sería deseable es que hicieramos pedagogía para poder explicar que la inmigración ordenada y legal hacia Europa sigue siendo necesaria, pero que no siempre es beneficiosa para todos (países receptores y emisores) si no existen mecanismo de solidaridad y transferencia de recusos entre el norte y el sur, ya sean éstos en forma de remesas, ayuda al desarrollo, transferencia de tecnología y formación.

viernes, octubre 17, 2008

El poder de les xarxes social

Le xarxes socials i en especial Facebook, estant assolint un grau de penetració tant important que estan fent canviar i modicficar les estartègies de les companyies de telecomunicacions, i en especial les telefòniques. Totes estan embarcades en una cerrera contra el rellotge per incorporar nous servis a les terminals i facilitar l'accesibilitat a internet, i des de d'aquesta a les xarxes socials.

Com a aexemple d'això, Telefónica i Facebook han arribat a un acord global, en virtut del qual l'operadora incorporarà un accés directe a la xarxa social des del seu portal mòbil, segons ha informat la multinacional espanyola, que ja ofereix aquest servei al Regne Unit. La iniciativa, que es diu Movistar contacta i ja està anunciada a Facebook, es pot aplicar com a prova pilot, de manera que no es garanteix que funcioni del tot bé. La nova aplicació permet fins a dos missatges i fer dues trucades de tres minuts de durada al dia, serveis gratuïts que es podrien ampliar amb el temps. Perquè la comunicació es produeixi els dos usuaris han de ser de Movistar i donar-se d'alta en el servei.


És l'inici, i ben segur que seguiran les altres. Estem davant d'una veritable revolució silenciosa de les relacions socials.

domingo, octubre 12, 2008

Crisis financiera, la ausencia de Europa


La durísima crisis financiera internacional que estamos padeciendo parece enterrar definitivamente el sistema neoliberal mas radical para dar paso a otro nuevo tipo de capitalismo global. Los mesías del Laisser Faire han desaparecido del mapa por el momento, escondidos hasta que escampe la tormenta, dejando que los gobbiernos arreglen el enorme desaguisado que han organizado. Una factura que vamos a tardar en pagar todos y cada uno de los ciudadanos de los diferenets países gracias a la irresponsable política de la capital financiera del mundo, Wall Street, y a la incapacidad y falta de voluntad de control de las autoridades estadounidesnes.

Es pradógico que los sucesivos Gobiernos estadounidenses hayan sermoneado sistemáticamente a otros países sobre la necesidad de tener unos sistemas financieros sólidos, mientras que ellos se embarcaban en una carrera suicida. Estados Unidos siempre ha tenido una política económica para sí y otra para el resto del mundo. Durante los años en los que castigaba a los países que se apartaban del equilibrio presupuestario, estaba pidiendo préstamos gigantescos para financiar sus recortes fiscales domésticos y sus compromisos militares.

Lo irónico del periodo posterior a la guerra fría es que la caída del comunismo fue seguida del ascenso de otra ideología utópica. En EE UU, Reino Unido y, en menor medida, otros países occidentales, la filosofía reinante pasó a ser un tipo concreto de fundamentalismo de mercado. Ambos se han demostrado un desastre. Una de las fallas más importantes que revela de manera dramática la actual crisis, es la de un enorme sistema financiero mundial que descansa sobre débiles pilares locales. Mientras el dinero viaja por el mundo a la velocidad de la luz disparado con un simple tecleo en un ordenador, los entes públicos encargados de regular los flujos monetarios y las instituciones financieras deben operar dentro de rígidas fronteras nacionales.

Moisés Naim, ha descrito perfectamente la debilidad de la respuesta ante la crisis. "Esta asimetría entre el dinero global y la política local explica por ejemplo, las respuestas europeas a la crisis. Estas respuestas han pasado por tres etapas. Primero fue la negación: "Es una crisis estadounidense que no tiene por qué afectarnos", aseguraban los líderes europeos. La segunda etapa fue la de sálvese quien pueda. Al ver que la crisis los estaba afectando, cada país tomó medidas de manera aislada y sin consultar o preocuparse por las consecuencias que tendría para los demás. Irlanda encabezó la estampida al garantizar los depósitos en sus principales bancos por dos años -lo cual disparó respuestas parecidas en otros países-. Y finalmente la tercera etapa: solos no podemos. Es la etapa donde domina la convicción de que esto es grande y grave, que le vamos a tener que meter mucho dinero y que por ello es mejor trabajar juntos".

¿Cual es ahora la alternativa? La solución seguramente deba ser europea, pero los cálculos nacionales complican la respuesta europea. Una vez más necesitamos más Europa. El problema es que la eurozona aún no ha integrado sus sistemas de regulación de bancos y otros entes financieros, lo cual contrasta con la profunda integración financiera que ha llevado a cabo su sector privado.

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