miércoles, febrero 25, 2009

¿Y después de la crisis que?



Parece que nadie sabe a ciencia cierta ni cual profunda es, ni cuanto durará la presente crisis. Todos intentanos tener fe en que alguna de las medidas de choque que tanto en EE.UU como en Europa se están tomando, generen un nuevo círculo virtuoso de confianza que nos permita dislumbrar el final del túnel. Todos esperamos con ansias el 2010 como el año de la recuperación.

Pero el profesor Manuel Castells, buen observador y conocedor de los movimientos y tendencias de la "Aldea Global", ha puesto el dedo en la llaga esta semana al afirmar algo que sabemos pero que no queremos reconocer: vivimos en una peligrosa fantasía, que la crisis es un mal trago, pero que en poco tiempo pasará, y que volveremos más o menos a la situación anterior. Y es que la presente crisis, va a suponer una serie de cambios que nadie atisba todavía a comprender. Asistimos a un cambio de modelo económico y por lo tanto a un cambio del modelo social. Éste puede ser beneficioso a medio plazo si somos capaces de trabajar a corto, medio y largo plazo, explicando a los ciudadanos las medidas a tomar y el porqué. Y eso es precisamente lo que se echa en falta. Casi nadie está hablando de como va a ser o mejor dicho cómo debe ser el futuro después de la crisis.

El profesor Alfredo Pastor ha identificado tres objetivos que yo comparto. El primero es el de mantener la economía en marcha, tratando de compensar la debilidad de la demanda privada mediante la política fiscal; que en realidad es el único objetivo que se ha acometido hasta ahora.

El segundo objetivo es repartir de manera tolerable las pérdidas causadas por el final de la burbuja inmobiliaria. Para simplificar: si alguien se ha comprometido a comprar en cien una casa que hoy vale cincuenta ¿quién corre con la pérdida?. El drama de la situación actual es que sólo el Estado puede adquirir los activos más o menos dañados a un precio que no lleve a la banca a la quiebra. Solo una entidad con un enorme respaldo político y moral (el Estado) podrá imponer un criterio que no dejará del todo satisfecho a nadie.

El tercer objetivo, especialmente importante en el caso español, es transformar la economía. Ahora habrá que acometer ese cambio sin nuevos recursos, porque estos irán dirigidos a mantener el gasto. Pero muchas de las mejoras de nuestro modelo requieren más voluntad que recursos, y en primer lugar aumentar la competitividad de nuestras empresas. És más bien un cambio cultural.

Esta crisis no es el fin del mundo pero si es el fin del consumo como lo habíamos hecho hasta ahora. Aparte de identificar lo que hay que hacer, tan importante es saber lo que ya no se puede hacer, y eso pasa por una nueva narrativa política, económica y social. Una nueva cultura de la que no se construye de forma espontánea. La izquierda democrática debiera articular un discurso comprensible y posible, y no regocijarse solo en la ecatombe del capitalismo financiero. Pudiera parecer que los ciudadanos darán la espalda a la derecha después del cataclismo financiero y económico del fundamentalismo de mercado, sin embargo el principal riesgo estriba en la emergencia de nuevos movimientos populistas y xenófobos o bien de contestación como respuesta a la impotencia de las instituciones.

Hay evidentemente que atajar la crisis, pero tan importante como eso es intuir en que dirección hay que moverse para cuando la tormenta amaine.


lunes, febrero 23, 2009

La ciudad del futuro, verdes o creativas.


Si el futuro es verde, las ciudades del sur de Europa lo tenemos más bien difícil. La Comisión Europea ha organizado el Concurso de la "Capital europea más verde" , y de las ocho ciudades -de 34- preseleccionadas para el concurso todas están situadas de Alemania para arriba. Ni las candidatas francesas, ni la portuguesa, ni las seis -un número especialmente alto en comparación con otros países- que ha presentado España (Murcia, Valencia, Sabadell, Zaragoza, Pamplona y Vitoria) están entre las nominadas, aunque el sólo hecho de haber podido presentarse les presupone ciertos logros ambientales.

Como es habitual en materia 'verde', todo se juega en el centro-norte de Europa: Reino Unido, con Bristol; Alemania, con Hamburgo, Münster; Suecia, con su capital Estocolmo; Noruega, con Oslo; Dinamarca, con Copenhague, y Holanda, con Amsterdam. Todas las ciudades participantes cuentan con más de 200.000 habitantes, por exigencias de la competición. Las ocho nominadas se distinguen por sus «excelentes logros ambientales». Los criterios son exigentes, y debieran constituir la hoja de ruta para las ciudades medianas del Sur de Europa. Porque las grandes urbes, tendientes a conformar grandes regiones metropolitanas, quizás deban regirse por otros parámetros.

Para presentarse al Premio a la Capital Verde Europea, las ciudades deben cumplir con al menos 10 objetivos ambientales.

1. Contribución local a la lucha contra el cambio climático. Tanto las medidas tomadas en el pasado como las que están por tomar.

2. Movilidad local y transporte de pasajeros. Dominan en esta categoría las ciudades con alta presencia de bicicletas.

3. Espacios verdes abiertos al público. La abundancia de parques es uno de los baluartes de las ciudades nórdicas.

4. Calidad del aire. Muy ligado a la cantidad de coches y a la concentración del tráfico.

5. Contaminación acústica. Muchas ciudades nórdicas tienen leyes más estrictas contra el ruido y una cultura del silencio.

6. Producción y gestión de residuos. Se refiere a la cantidad de basura generada y reciclada.

7. Consumo de agua. Se incluye el uso del agua en el ámbito doméstico, como las duchas y la cocina.

8. Gestión de aguas residuales. Podría parecer de obligado cumplimiento en el siglo XXI, pero no siempre es así. Aquí se valora en qué porcentaje se cumple la Directiva europea.

9. Gestión sostenible de la autoridad local. Depende del buen hacer del ayuntamiento en materia de medio ambiente.

10. Uso sostenible de la tierra. Incluye la no construcción desaforada.
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Pero no todo se juega en el terreno de lo verde. Las grandes regiones metropilitanas se están erigiendo en los verdaderos motores de la economía del futuro, con las ventajas y los inconvenienets que ello conlleva.
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Richard Florida así lo analiza en su libro "Las ciudades creativas" en un intento de identificar las concentraciones urbanas más dinámicas y con futuro en el planeta. "Aunque es una idea muy atractiva, es errónea. En la actualidad los factores económicos principales (talento, innovación y creatividad) no están distribuidos de manera uniforme en la economía global, sino que se concentran en lugares específicos (...) En la actual economía creativa, la verdadera fuente del crecimiento económico procede de la concentración y del aglutinamiento de personas productivas y con talento", asegura en su nuevo libro. Las ciudades creativas, en el que señala cómo la "fuerza de la concentración" ha convertido a algunas ciudades y regiones en enormes motores de crecimiento económico que no dejan de crecer: en EE. UU. las cinco mayores regiones metropolitanas suponen el 23% del PIB del país. Pese a los que hablan de un "mundo plano", "la ubicación sigue siendo el eje central de nuestra era y es más importante para la economía mundial y las vidas individuales que nunca antes", afirma Florida.
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El reto es sin embargo conciliar todo ese caudal creativo de las ciudades con la sostenibilidad y un futuro más verde. No es fácil, pero es el único posible.

sábado, febrero 21, 2009

¿Hacia la sociedad de la flexi-inseguridad?


El estallido de la burbuja financiera ha desencadenado una crisis sistémica de la que nadie parece conocer el final ni como salir de ella. Como muestra un botón: en el reciente Foro de Davos, hasta ahora el olimpo del análisis político-financiero-económico internacional, nadie defendía ya la idea de mercados eficientes. Todo el mundo hablaba de las estupideces que se cometían en los mercados y de la necesidad de regulación y control, pese a que la mayoría de los allí representados hace poco apoyaban la desregulación como paradigma de la sociedad del siglo XXI.

En España, la crisis además nos embiste con virulencia inusitada al estallar de forma paralela la burbuja inmobiliaria, convirtiendonos en la primera fábrica de parados de la UE. Y claro ya se sabe, ante esta situación se levantan las voces de los que parecen tener la solución al problema: flexibilizar el despido. Algunos como Díez Ferrán, Presidente de la CEOE, lo hace sin tapujos, apostando por un cambio radical de las relaciones laborales a través del despido libre y que las ERE no tengan ni que ser aprobados por los gobiernos. Adiós al diálogo social. Otros sin embargo, algo más sotisficados, reclaman transitar por el nuevo modelo de la llamada "flexi-seguridad", esa palabra mágica que parece ponerse de moda en Europa, avalada por los éxitos del modelo danés de los últimos años.

El neoliberalismo dominante desde los ochenta se basó en la triple obsesión de privatizar, flexibilizar el mercado de trabajo y desregularizar. Sus resultados los estamos sufriendo en nuestras propias carnes, con la mayor crisis económica de la historia reciente. La idea de la máxima eficiencia de los agentes privados, sobre todo de los financieros, ha saltado por los aires y los Estados ahora se ven obligados a intervenir con ingentes cantidades de dinero público para mantenar a flote a la banca y otros sectores. Durante años se apostaba por un Estado débil y reducido a la mínima expresión, pero ahora reivindicamos su acción para resolver todos y cada unos de los sectores afectados por la crisis, y en particular en la protección y creación de empleo.

Se reclama apostar por la desregulación del empleo, pero la cuestión es... ¿de que forma?. A priori la flexi-seguridad es interesante y abre nuevas vías para conciliar crecimiento y empleo, introducinedo dinamismo al sistema. Pero normalmente los que la defienden con más pasión solo están dispuestos a apostar por la primera parte, la flexibilidad, dejando en un segundo término la seguridad de los trabajadores. Manuel de la Rocha ha escrito un interesante artículo donde denuncia algunas de los peligros de impulsar un modelo edulcorado de la flexibilidad y nos da algunas pistas de las posibles consecuencias de adoptar solo un parte del modelo.

En Dinamarca el despido es más flexible que en España y las empresas no tienen que abonar prácticamente indemnización (aunque deben dar un preaviso de tres meses), Pero los parados reciben una prestación de cerca del 100% de su salario durante un mínimo de cuatro años. Y es que no cabe tomar sólo un elemento del sistema, rechazando aquellos otros que lo sostienen. Porque el modelo danés se basa en un Estado fuerte, con una presión fiscal del 49% del PIB, frente al 36,7% de España; y un gasto social que alcanza el 30,1% (destinando el 5% a políticas activas de recolocación) a diferencia de España que es sólo del 20,8%. Además de una afiliación sindical del 80% de los trabajadores, que dificulta a los empresarios los despidos colectivos.

La conclusión evidente es que no se puede apostar por un Estado pequeño y débil, con un sector público reducido y un gasto social menor, y al mismo tiempo por un sistema de despido como el danés, que se fundamenta en un Estado fuerte. Eso no cuadra. Además habría antes que preguntar a la Patronal cuantos puestos de trabajo está dispuesta a crear con un modelo más fexible, ¿500.000, 1 millon?. No vale proclamar un modelo sin compromisos cuantificables y evaluables de los beneficios para la sociedad. Algunos espabilados con la cohartada de la crisis, quieren crear un mercado de trabajo todavía más precario. En España, con un 36% o 37% de precariedad en el empleo, la flexibilidad del mercado de trabajo es lamentablemnte más que evidente.

Hay probablemente que buscar nuevas fórmulas donde todos tengamos que hacer sacrificios, pero que no nos tomen por tontos. Flexi-seguridad quizás si, a través del diálogo social y el consenso de todos los actores. Pero transitar hacia la sociedad de la flexi-inseguridad es un dejà vue, pues ya hemos visto las consecuencias de la auto-regulación del modelo ultraliberal en su defensa de la mano invisible del mercado. Deberían ser un poco más humildes.


martes, febrero 17, 2009

Europa ante los EE.UU y la nueva centralidad de Asia.


La llegada de Barak Obama al gobierno de los EE.UU ha supuesto un soplo de aire fresco y de renovadas esperanzas para gobiernos, instituciones globales, empresas y ciudadanos de todo el mundo, y muy especialmente en Europa. Obama despierta unas expectativas quizás algo exageradas ante la magnitud de las crisis que debe gestionar de forma inmediata. Asistimos a una crisis financiera y económica que va más allá de la tradicioonal recesión económica. Estamos asistiendo a una crisis sistémica que requiere reformas estructurales, una crisis que se superpone con al menos otras cuatro crisis que ya veníamos arrastrando en los últimos años: la crisis del precio de los alimentos y materias primas -los llamados commodities-, la crisis o alarma medioambiental, una crisis social cuasi permanente ante los millones de personas en el mundo condenados a la pobreza y la exclusión social y una crisis del sistema de gobernanza global ante el unilateralismo americano de la administración americana.

En la búsqueda de la salida de la crisis, las relaciones entre la UE y los EE.UU se presupone como crucial para rediseñar juntos la senda de un nuevo crecimiento que permita otear un horizonte de esperanza. Las declaraciones del propio Obama y de su Vice-Presidente Joe Biden en el Fórum sobre Seguridad y Defensa en Munich la semana pasada son esperanzadoras, una vez que parece encarrilado el Plan de estímulo económico aprobado por el Congreso de los EE.UU. Sin embargo, todo ese caudal de esperanza y declaraciones tiene que concretarse en acciones: "obras son amores y no buenas razones" como reza el refrán. Porque lo cierto es que Hillary Clinton, la flamante nueva Secretaria de Estado estadounidense, ha hecho su primera gira en Asia y no en Europa, como era tradición en la diplomacia americana.

Japón, China, Indonesia o Corea del Sur, han sustituido a la tradicional gira por Londres, París, Bonn, Roma o Bruselas, en todo una señal de que el mundo ha cambiado, ¡ y de que forma!. Europa y la la UE son unos aliados políticos y para la política se seguridad colectiva fundamentales para los EE.UU, pero reconocen abiertamente ya que en materia económica y comercial son los estados asiáticos los países estratégicos. "Nuestra relación con China será la más importante en el mundo del siglo XXI" declaró Hillary Clinton en la revista Foreign Affairs. Todo una declaración de intenciones que muestra la migración del centro de gravedad económico y quien sabe si político del mundo hacia otros océanos alejados del tradicional eje atlántico.

Europa debe decidir que role quiere jugar en el mundo y actuar en consecuencia, pasando de ser una potencia declarativa a un verdadero actor global político, social, económico y comercial. Debieramos sacudirnos algunos de los complejos que tenemos, hacer algunas apuestas políticcas decididas sin renunciar a nuestros valores y ejercer todo el caudal de poder, influencia y acción que el conjunto de los 27 tenemos cuando actuamos juntos. Si esperamos demasiado quizás para cuando queramos arrancar sea ya demasiado tarde y nos limitemos a ser un mero espectador -un continente agradable, amable y envejecido además de poco relevante- en la nueva gobernanza mundial que se está perfilando ya en el mundo. Dicho esto, esperemos que pase rápido la Presidencia Checa, que no solo no tiene intención ninguna de tirar del carro europeo, sino que está encantada de poner todos los palos posibles a las ruedas.

miércoles, febrero 11, 2009

En busca del talento, el software de la política


En tiempos de crisis e incertidumbre todos volvemos la vista hacia el Estado en busca y de protección y refugio. Hasta los liberales más recalcitrantes reivindican ahora la intervención activa del hasta ahora denostado Estado, exigiendo a los políticos que sepan gestionar y solucionar el enorme desaguisado del empacho desregulador neoliberal. Pero ¿es posible exigirle a la clase política el talento suficiente para salir de una crisis sin preceentes con los recursos humanos y financieros disponibles?.

Asistimos en el mundo de la empresa a una mutación o evolución constante de las formas de gestión, renovación y actualización de los medios de producción gracias a la inversión en I+D+I, la eclosión de las nuevas tecnologías, las nuevas formas de márketing y comunicación, o la formación de los trabajadores y colaboradores. En el mundo de la política por el contrario, coexisten formas, maneras de gestión y rituales más propios del siglo XX que del siglo XXI. Poco debate interno, clientelismo y lealtades inquebrantables, selección de candidatos arbitrarios y un sistema electoral de listas cerradas y bloquedadas. Un sistema que penaliza la innovación y la creatividad, primando el conservadurismo no tanto ideológico sino principalmente lo material y personal.

En en un momento en que todos necesitamos que la política sea un ámbito de regeneración, mediación y generador de nuevas posibilidades, necesitamos la emergencia de una nueva creatividad política. Los partidos y sus estructuras vendrían a ser el hardware, de la política mientras que el talento, la creatividad y la capacidad de gestión de lo público vendría a ser el software. Los partidos (hardware) aún con sus imperfecciones y limitaciones, siguen siendo organizaciones fundamentales para la estabilidad de las democracias. Sin embargo necesitamos urgentemente un renovado software que permita generar un círculo virtuoso de ideas, acciones y políticas que generen confianza para encarrilar la salida de la crisis lo antes posible, y eso pasa en gran medida por liberar todo el talento disponible entre sus miembros y simpatizantes, con nuevas narrativas y nuevas formas de participación, comunicación y gestión.

¿Cómo motivar entonces en tiempos revueltos?. El diario EL PAIS ha publicado hoy un interesante artículo con algunas claves que pueden orientarnos. “Ya no estamos en la era del conocimiento, todo el saber se puede encontrar en Internet. Ahora hace falta talento para utilizarlo” y esa es probablemente la base para un nuevo desarrollo sostenido. Las capacidades de los trabajadores quedan muchas veces coartadas por corsés, horarios y una escasa capacidad de motivación. La crisis puede ser una oportunidad de redescubrir y potenciar el talento de los trabajadores, pero también un obstáculo para superar un círculo vicioso: las compañías no sacan todo lo que pueden de los profesionales y éstos no encuentran ámbitos para motivarse y desarrollar sus cualidades. Un liderazgo fuerte y preparado, una forma adecuada de trasladar los mensajes en la empresa, incluso un plus de humanidad son algunos de los consejos de los expertos para aprovechar al máximo esas virtudes en tiempos revueltos.

Ahí se esconden algunas de las claves para renovar el software de la política.

Para saber más:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/motivar/tiempos/revueltos/elpepisoc/20090211elpepisoc_1/Tes

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/punto/encuentro/elpepisoc/20090211elpepisoc_2/Tes

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