
José Blanco blanco ha puesto el dedo en la llaga estos días al sugerir una subida de impuestos a las rentas más altas, si los recursos del Estado no son suficientes para garantizar las políticas sociales. Rápidamente el PP con Javier Arenas a la cabeza se han lanzado a la yugular, lo que parece más o menos normal. Pero más allá del rifirafe derecha-izquierda, y gobierno-oposición, ha llegado la hora de tratar el tema de quién debe pagar cuanto, siempe según su nivel de renta Tras el debate de la financiación autonómica, también habrá que atreverse con la progresividad de las rentas individuales.
Todos decimos defender sistemas progresivos basados en el principio del que más tiene, más paga, siempre que sea razonable. En los últimos años, el neo-liberalismo había conseguido una cierta hegemonía ideológica tanto sobre la derecha pero también sobre la izquierda, imponiendo el tabú de subir los sistemas impositivos. Lo progresista y moderno era bajar los impuestos, algo que es posible en tiempso de vacas gordas, pero que no lo es durante crisis tan profundas como la presente.
Evidentemente que a nadie le gusta pagar impuestos, pero es absolutamente necesarios para poder mantener servicios y políticas que todos exigimos a nuestras instituciones. Y en época de crisis, todos exigimos que el Estado, Autonomías y Ayuntamientos den respuesta a las demandas y roblemas de casi todos los sectores afectados. ¿Pero con que recursos?, siempre que sea, si es posible, con el dinero de los demas, pero no con el nuestro.
El debate es duro, pasionado y complejo, pero bienvenido sea. Personalmente creo que hay que caminar por esa senda con sentido común y transparencia. Si a mi me toca pagar un poco más no me gustará, pero quizás sea justo y necesario porque estoy en el lado de los afortunados al tener un buen trabajo y uno ingresos suficientes. Es precisamente en momentos de crisis cuando sale a reducir la capacidad de solidaridad individual y colectivo de nuestra sociedad.
A las instituciones no debemos negarles los recursos suficientes pero debemos exigirles al mismo tiempo buen gobierno, eficacia y eficiencia. Veremos si somos capaces de debatir con sentido común y racionalidad.
