El resultado de las elecciones celebradas en la Alemania este fin de semana, suponen algo más que una simple contienda electoral circunscrita al país germánico. Lo que allí pase tiene un enorme impacto en el resto del continente. Así como las elecciones americanas tienen consecuencias en el mundo entero, las elecciones alemanas la tienen para Europa. No en vano, Alemania es la primera potencia exportadora mundial, representa la primera economía de la UE, y contribuye con el 26% del total del presupuesto comunitario.
Es por ello que hay que prestar mucha atención a los movimientos que allí se produzcan, sobre todo, el impacto en las políticas sociales ante la eventual coalición de gobierno entre conservadores y liberales. Si Alemania gira a la derecha toda Europea bascula en la misma dirección. Tras el hundimiento socialdemócrata de ayer, la canciller Angela Merkel, al frente de la nueva coalición de centro derecha, tiene ahora las manos libres para aplicar las recetas conservadoras para salir de la crisis, esto es, reducir el Estado del Bienestar, algo que no podía aplicar porque tenía el cortapisas del SPD.
Después de una caída del 5% del PIB en 2009, Alemania está empezando a salir de la recesión antes de lo previsto, y podría volver a crecer a un ritmo del 2,5% los próximos dos años. En las Instituciones europeas, se teme que Alemania opte por retirar pronto los estímulos fiscales, con lo que los efectos para las economías que todavía están metidas en la recesión serían catastróficos. En la reciente reunión del G-20 en Pittsburgh, la mayoría de mandatarios abogaron por mantener los estímulos fiscales este año y el siguiente. Merkel, sin embargo, mantuvo un inquietante silencio. Alemania tiene otros objetivos. Frente al límite de un 3% de déficit público de la UE, el Parlamento alemán ha restringido este desequilibrio a un mero 0,35% para 2016. Nada de veleidades en gasto público, todo atado y bien atado.
Todos exigimos a la UE que reaccione ante la crisis, multiplicando sus políticas e iniciativas, pero sin dotarla de los instrumentos para ello. Por un lado todavía no está en vigor el nuevo tratado de Lisboa que otorga nuevas competencias, y por otro, reducimos año tras año el presupuesto comunitario, que está por debajo del 1% del PIB europeo, lejos, muy lejos del techo del 1,27& del PIB recogido en los Tratados. Algunos países, con Alemania a la cabeza, se niegan a aumentar los recursos comunitarios. Y claro sin dinero difícilmente se pueden aplicar políticas públicas. Nos conformamos con la Europa disminuída.
Así pues, atención a la Alemania que viene. La gélida e impasible Ángela Merkel, no tiene nada que ver con aquellos Cancilleres alemanes que apostaron de forma decidida por la integración europea. Merkel mira más hacia adentro que hacia Europa, y ha renunciado a liderar el proyecto europeo, lo que es una mala noticia para todos. Y es que a pesar de estar en una Europa a 27, si el eje Franco-alemán no lidera un nuevo impulso europeo, al camino de la recuperación de la pasión por Europa le van a faltar vitaminas.



