Los impresentables casos de corupción a los que asistimos en los últimos meses, pueden llevarse por delante la ya de por si endeble reputación de la clase política y por extensión de todo un sistema democrático basado en un sistema de partidos. Es evidente que la mayoría de las personas que se dedican a la Función Pública y a la política son gente decente, honrada y capaz, el problema radica demasiadas veces, cómo vemos que gente que no sería elegida nunca ni delegado de su clase o presidente de su comunidad de vecinos, asume importantísimas responsabilidades amparados en sistemas de reclutamiento y selección de cuadros políticos más cercanos al clientelismo y al nepotismo que a una democracia moderna.
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Los partidos políticos pese a su descrédito, son y deben seguir siendo fundamentales en un sistema democrático, pero con una urgente revisión de sus sistemas de funcionamiento para adaptarlos a las necesidades de la sociedad de hoy, alineándolos con los valores que proclamamos en los textos y ponencias de nuestros congresos y convenciones. Es precisamente ese "desacoplamiento" entre narrativa y praxis el que erosiona la imagen y el crédito de la actividad pública y política. El reto que tenemos ante nosotros es generar modelos de "éxito" o referentes políticos, tanto de derechas como de izquierdas, en los que los ciudadanos se puedan ver reflejados y sentirse orgullosos de ellos en tanto que representantes suyos.
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Ignacio Sotelo ha publicado un artículo que invita a la reflexión profunda. "El desprestigio creciente de los políticos tiene su fundamento en un sistema de selección y promoción que no favorece a los mejores, aunque algunos de primera hayan sabido acoplarse a las condiciones impuestas, conscientes de que no se puede navegar contra viento y marea." Seamos claros, hoy en día, en prácticamente todos los partidos políticos se habla poco de política, y la democracia interna es una democracia disminuida, amputada o limitada. Son otras las variables y dinámicas que cuentan a la hora de elegir a los cuadros. La competencia y habilidades personales y profesionales son un valor añadido, pero no parecen ser los principales atributos para poder ejercer tareas políticas o públicas.
Ignacio Sotelo ha publicado un artículo que invita a la reflexión profunda. "El desprestigio creciente de los políticos tiene su fundamento en un sistema de selección y promoción que no favorece a los mejores, aunque algunos de primera hayan sabido acoplarse a las condiciones impuestas, conscientes de que no se puede navegar contra viento y marea." Seamos claros, hoy en día, en prácticamente todos los partidos políticos se habla poco de política, y la democracia interna es una democracia disminuida, amputada o limitada. Son otras las variables y dinámicas que cuentan a la hora de elegir a los cuadros. La competencia y habilidades personales y profesionales son un valor añadido, pero no parecen ser los principales atributos para poder ejercer tareas políticas o públicas.
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La ética política no es únicamente la lucha contra la corrupción de aquellos que se aprovechan o meten la mano en la caja. Es mucho más, es una actitud moral, intelectual y material en todos y cada uno de nuestras actuaciones. Actitudes que a veces hay que defender con corage y tesón. No podemos pedir a la gente y especialmente a los militantes de los partidos que sean héroes. Necesitamos reglas y procedimientos claros y justos, en los que la ética sea reconocida como un valor en alza. Muchos de nosotros vemos, observamos e intuímos actitudes que no son de recibo, pero el sistema penaliza aquellos que se revelan contra las prácticas de ciertos personajes y clanes. Hay mucho que reflexionar de lo que hacemos y cómo lo hacemos. Todos tenemos responsabilidades, pero los que tienen mayores cuotas de poder, tienen sin duda un poco más de responsabilidad que los demás.
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En estos días de abatimiento, valdría la pena recuperar algunas lecturas sencillas pero adecuadas para los tiempos que corren. Vuelvo a recomendar "Diccionario del ciudadano sin miedo a saber" de Fernando Sabater.
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Para saber más:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/descredito/politica/elpepiopi/20091029elpepiopi_4/Tes?print=1
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