martes, marzo 23, 2010

En el nombre de mi madre....

Estos días los progresistas de todo el mundo estamos de enhorabuena. Barak Obama ha conseguido sacar adelante la tan anhelada reforma sanitaria en los EE.UU, un muro con el que habían topado numerosos presidentes a los largo del siglo pasado. La aprobación de la reforma, aunque algo edulcorada en relación a las ambiciones iniciales, no es solo una victoria de los demócratas americanos, es una victoria de la política por encima del poder del dinero, y en eso salimos beneficiados, haciendo buena la expresión que me repite siempre una buena amiga "todo está por hacer, todo es posible".

La victoria de Obama, nos demuestra que la política es el arte de lo posible cuando hay un propósito, un ideal, un proyecto, en definitiva una pasión por transformar la sociedad y hacerla algo menos injusta. Y es por ello que reproduzco en estas líneas un párrafo de mi artículo "El reto de la Generación P" http://www.nuevatribuna.es/noticia.asp?ref=5712. "Necesitamos liderazgos generadores y multiplicadores de ideas, de valores y de actitudes, liderazgos que aporten ilusión y compromiso. Porque lo importante no es quien manda, sino el sentido que los que dirigen le dan a la acción política. Ulrich Breck escribió que la renuncia a la utopía significaba la renuncia al poder, ya que supone un cheque en blanco al abandono de la política. Y así es: porque solo quien es capaz de entusiasmarse y de entusiasmar, es capaz de ganar apoyos y de conquistar el poder para ponerlo al servicio de un proyecto colectivo basado en la mejora de toda la sociedad.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, firmó este martes en una ceremonia en la sala Este de la Casa Blanca la histórica ley de reforma sanitaria, que extenderá la cobertura médica a más de 30 millones de estadounidenses que carecían de ella. "Celebramos el advenimiento de una nueva era en los Estados Unidos", dijo Obama tras firmar el documento. El presidente, para el que la medida representa el mayor triunfo de su mandato y un logro que había esquivado a quienes le precedieron en el cargo, dedicó la firma, entre otras personas, a su madre, fallecida de cáncer y que hasta los últimos días de su vida estuvo luchando contra las aseguradoras. Obama ha ganado una batalla pero no la guerra, pero lo que ha hecho estos días bien vale un reconocimiento para él, para su madre y para todos aquellos que trabajaron por sacarla adelante.

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