El día después de la jornada de Huelga General del 29-S, habrá evaluaciones positivas por parte de las centrales sindicales convocantes. Por otra, el Gobierno desde el más absoluto “respecto”, pondrá sus datos sobre la mesa para descafeinar el impacto de la huelga. Pase lo que pase, todos se habrán dejado muchas plumas y crédito político por el camino. Pero habrá un sector político y económico de la sociedad española que estará más contento de lo habitual, la derecha conservadora. Mientras la izquierda política y social habrá consumado la escenificación de su impotencia para ofrecer respuestas colectivas, creativas, audaces y posibles para encauzar la salida de la crisis, y habrá escenificado la incapacidad de definir un nuevo modelo de desarrollo y crecimiento propio para el futuro.
A día de hoy, ni gobierno, ni sindicatos, ni el resto de agentes sociales progresistas, somos capaces de ofrecer un proyecto de futuro –más allá de los lugares comunes y las obviedades-, que genere propuestas económicas ni sociales nuevas que ilusionen de forma mayoritaria a la sociedad y conformen la masa crítica necesaria para reconstruir una mayoría política y social. Esta crisis puede dejar en el camino muchos más damnificados de los que conocemos hasta la fecha, y entre ellos a los partidos políticos de izquierda y a los agentes sociales con los sindicatos al frente, dejando a la izquierda política y social herida de gravedad.
Las respuestas simples no son suficientes para responder y afrontar los problemas complejos a los que nos enfrentamos. La globalización de la economía, y los efectos de la hegemonía neo-liberal y del capitalismo casino, han roto –como bien nos recuerda el sociólogo Alain Touraine- los lazos entre economía y sociedad, haciendo que las políticas nacionales hayan perdido buena parte de su soberanía.
La izquierda política y social española, una vez pasada la huelga general del 29-S, debería ser capaz de volver a reencontrarse desde la humildad y el reconocimiento de la dependencia mutua, para constituir una alternativa “creíble” a las fuerzas de la derecha que avanzan imparables tanto en España como en Europa. La división de la izquierda de la primera línea de combate contra los efectos de la crisis, corre el riesgo de producir un desastre social en las que paradójicamente las clases medias y las clases trabajadoras se echarán en manos de la derecha populista y xenófoba como observamos ya en muchos países de Europa.
El desgraciadamente desaparecido historiador Tony Judt, nos ha dejado un libro póstumo, “Algo va mal”, en el que entre otras muchas cosas, radiografía en pocas palabras la percepción de muchos ciudadanos sobre la política y la gestión de los asuntos públicos: “lo primero que se le ocurre a un joven que quiere comprometerse es afiliarse a Amnistía Internacional o a Greenpeace, o a Human Rights Watch o a Médicos Sin Fronteras”. ¿Porqué estamos partidos y sindicatos progresistas tan desacreditados?. No hay nada más que leer algunas de las cartas que publica el diario EL PAIS de muchos jóvenes “pre-parados” a modo de auto-retrato de una generación castigada por la crisis, para comprender la necesidad de repensar muchas de nuestros métodos, fórmulas y políticas.
¿Hay espacio para la esperanza?. Absolutamente sí. Willy Brandt, el legendario líder socialdemócrata alemán, definió el socialismo como la idea más joven del mundo y nos explicó su capacidad de hacer “nuevos inicios”. Eso es lo que necesitamos ahora, un nuevo inicio. Tras el 29-S no debería haber ni vencedores ni vencidos, sino “hambre” por reconstruir un proyecto colectivo capaz de ilusionar y movilizar todo el potencial transformador de la izquierda española con su riqueza de matices y pluralidad. Y eso no solo es deseable, sino posible y necesario.
