lunes, mayo 09, 2011

Día de Europa; pocas cosas que celebrar


Año tras año, el 9 de mayo los europeístas nos esforzamos por dar algo más de visibilidad y relevancia a la UE. Celebramos el día de Europa -San Schuman- decimos algunos de forma irónica para resaltar la labor de uno de los padres del proyecto europeo. Pero en los últimos años, hemos pasado de la euforia de trabajar por una Constitución europea a estar a la defensiva y ver cómo se va desmoronando la idea de la Europa política y social.

Vivimos en un mundo en cambio constante, de sobresalto en sobresalto, que pone de manifiesto la patética incapacidad política e institucional para reaccionar e ir más allá de declaraciones tan bien intencionadas como irrelevantes. Y las pocas medidas que se toman se dirigen a desmantelar los principales logros de la UE en los últimos años. Valga como ejemplo la limitación de uno de las cuatro libertades fundamentales de la UE, la libertad de circulación. La crisis de los inmigrantes tunecinos hacia Italia, y su despacho por parte de Italia de permisos temporales para enviarlos hacia otros países europeos (principalmente Francia), ha dinamitado uno de los logros más brillantes de la historia de la UE, el espacio Schengen. Y en un increíble acto de sumisión política de la Comisión europea a los estados, Barroso y su Comisaria Mälstrom se han aprestado a poner una propuesta encima de la mesa para limitar la libre circulación de personas en la UE, aunque sea de forma temporal y en casos graves según dicen.

El proyecto europeo ha sido castigado en buena parte por los efectos devastadores de la crisis. Padecemos los embistes de los nacionalismos estatales y euroescépticos, de los populismos y del auge de la extrema derecha, pero por otro también los palos en las ruedas de aquellos que defienden supuestamente “más Europa” pero que no dudan en limitar o debilitar la legitimidad de las instituciones y de los instrumentos que la UE tiene para poder afrontar los desafíos presentes y futuros. Exigen a la UE que reaccione ante los numerosos desafíos a los que nos enfrentamos, pero sin permitir desplegar los instrumentos necesarios para poder hacerlo, entre ellos un presupuesto comunitario en condiciones. A la Unión Europea la hemos inscrito a una carrera de velocidad pero corriendo con una sola pierna, a la pata coja.

Entre unos y otros hemos condenado a la UE a la anorexia política. Exigimos unas altas prestaciones a nuestras instituciones pero limitando los mecanismos de toma de decisión política colectivos y de la solidaridad europea. La consecuencia, estamos aplicando una eutanasia lenta pero letal a la Europa política y social. Y lo dramático es que al otear el horizonte europeo y constatar el paisaje político e institucional, no se atisba a vislumbrar la emergencia de algún liderazgo individual o colectivo capaz de generar algo de ilusión y esperanza a corto plazo. Europa y sus líderes se mueven entre la urgencia de ofrecer respuestas nuevas, y la dura realidad de sus incapacidades

Así pues celebremos el día de Europa, pero en este año 2011, tenemos pocas cosas que celebrar. Los europeístas daremos la batalla para seguir trabajando por “más Europa”. Tenemos la voz y la palabra, pero necesitamos también algo más de acción.

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