sábado, octubre 01, 2011

¿Tenemos derecho a dejar de ser europeístas? Todavía hoy recibimos el 0,39% del PIB en fondos europeos

Corren malos tiempos para la lírica europeista. Necesitamos instituciones y políticas europeas potentes, creativas y capaces para afrontar la crisis económica y financiera, pero Europa está anoréxica política y económicamente. Una situación que genera desapego justo cuando empieza la negociación de los presupuestos de la UE para el periodo 2014-2020, en el que debemos acordar los recursos mínimos indispensables para responder a los nuevos desafíos a los que nos enfrentamos, en un mundo más competitivo y complejo en el que la UE va perdiendo peso e influencia. 

En España, país europeísta por excelencia, pierde fuelle el sentimiento europeísta. La vaca lechera que nos ha hecho crecer y dar un salto adelante como nunca antes en nuestra historia gracias a los fondos europeos parece que está seca. ¿Pero es eso cierto? No exactamente. España pasará por primera vez a ser contribuyente neto a las arcas comunitarias en las próximas perspectivas financieras, y se reclama que este tránsito se haga de forma gradual. Sin embargo todavía hoy España es uno de los grandes beneficiados. En 2010 fue el segundo Estado miembro que recibió más ayuda neta de la Unión Europea, una vez deducida su contribución a las arcas comunitarias, con un total de 4.100 millones de euros, cifra que equivale al 0,39% del PIB. Sólo Polonia tuvo un mejor saldo neto de subvenciones comunitarias (8.427 millones, el 2,47% del PIB), según un informe de la Comisión europea.

En 2010, España se benefició de 13.190 millones de euros de subvenciones de la UE, el importe más alto recibido por ningún Estado miembro, y entre ellas destacan las ayudas agrícolas y medioambientales (7.038 millones), y los fondos regionales (5.125 millones), mientras que la aportación española a las arcas comunitarias ascendió a 8.937 millones de euros.

Así pues, ¿tenemos derecho a no ser europeístas?. Seríamos no solo desagradecidos, sino idiotas. Solo una España moderna y anclada al proyecto europeo tiene la capacidad de conquistar el futuro. No será sin embargo un futuro basado en la subvención y del maná de los fondos, sino de nuestra capacidad de aprovechar las inercias y sinergias de una Europa innovadora basada en la sociedad del conocimiento, la innovación y el desarrollo sostenible.

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