En épocas de crisis hay que tomar a veces decisiones drásticas. Eso es lo que parece que se ha hecho en el caso de Grecia y de Italia, apartando a sus primeros ministros elegidos en las urnas. Los casos son diferentes. Mientras Papandreu es fruto de una situación desastrosa heredada, Berlusconi es fruto de sus propios errores. Pero más allá de las simpatías y antipatías, además de resolver un tremendo galimatías económico muy complejo, tenemos un problema de democracia. Los ciudadanos no han elegido a Mario Monti (Italia) o a Papademos (Grecia) como Primeros Ministros.
Monti y Papademos han sido bendecidos por gobiernos e instituciones europeas volviendo a un clásico como bien dice Manuel Castells, "la arrogancia elitista y la repulsión hacia la voluntad popular, por mucho que se disimule". Porque aunque se equivocara el pueblo, tiene derecho a hacerlo. Ya pasó el tiempo de los que nos salvaban porque no sabíamos lo que hacíamos". En realidad no se trata de salvar al pueblo, sino de salvar al euro, como si esto fuera equivalente. Y no es exactamente lo mismo.
Muchos europeaos y europeístas estamos por la labor de hacer sacrificios para salvar al euro, pero esa no es excusa suficiente para hacer las cosas como se están haciendo para salvar a los bancos, sobre todo alemanes y franceses, que prestaron sin garantías a Grecia, como debía hacer Goldman Sachs. Ahora aceptamos el gobierno de los tecnócratas en pos de una bien común que nadie nos explica muy bien. ¿Qué estamos en realidad defendiendo? Los intereses de Alemania, que realmente necesita que un euro que sus socios no puedan devaluar. Porque como biene explica Castells en su artículo "¿A quién sirve el euro?, el modelo de crecimiento alemán es en realidad el chino: crecer mediante exportaciones favorecidas por una moneda subvalorada y reducir salarios (reducción del 2% en términos reales en el último quinquenio). Si hubiese un euro-marco fuerte, Alemania perdería mercados en Europa y competitividad respecto a exportaciones españolas o italianas.
Además coincido con Castells que además hay otra dimensión político-personal tanto de Merkel como de Sarkozy para este hiperactivismo tardío. Necesitan establecer su liderazgo europeo tanto por razones de política interna como por proyecto de grandeza nacional que se tiene que disfrazar de europeo para no despertar viejos fantasmas. Y en esa carrera vale todo, como ahondar el déficit democrático de la UE. Del llamado Grupo de Franckfurt que está dirigiendo la crisis del euro, apenas hay líderes elegidos directamente por los ciudadanos. Solo Merkel y Sarkozy, el resto Junker, Barroso, Van Rompuy, Draghi, Rehn o Lagarde, lo son por el pasteleo de los Jefes de Estado y de Gobierno, pero no por los ciudadanos.
Así, la solución tecnócrata aplicada a Grecia e Italia no es la solución a la política cutre o mediocre. La solución es volver a la POLITICA, a la buena política. Aquella que hizo grande el proyecto europeo (Delors, Miterrand, Khol, González...etc) en vez de al viejo método del despotismo ilustrado: todo para el pueblo pero sin el pueblo. Un método que quizás consiga salvar al euro, pero puede acabar con el viejo sueño europeo de una Europa como comunidad de destino construida democráticamente por la voluntad de sus ciudadanos.
1 comentarios:
Cuidado con mezclar géneros. A Juncker llevan votándolo los luxemburgueses bastantes años. Barroso es presidente de la Comisión porque lo invistió el Parlamento Europeo. Y a los demás los han elegido los primeros ministros, de la misma manera que se elige en España al presidente del Banco de España, etcétera. Ninguna de estas personas tes tecnócrata. Son todos políticos, en el sentido más amplio de la palabra. Otra cosa es como se tomen las decisiones y con qué control parlamentario.
Un europeo.
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