lunes, diciembre 05, 2011

Alemania: hay vida más allá del nacional-populismo de Merkel. No caigamos en la alemanofobia.


Media Europa -sobretodo los países periféricos- andamos cabreados e indignados por la actitud alemana en la crisis de deuda europea. Una actitud incomprensible para los europeístas, no solo europeos, sino de la propia Alemania. Actitudes que están haciendo volver a ver una peligrosa alemanofobia: vuelve el riesgo de una Europa alemana en vez de preservar el tan anhelado sueño de una Alemania definitivamente europea. 
Vivimos días agitados en los que el riesgo del populismo y la fobia hacia nuestros vecinos puede abocarnos a tiempos felizmente pasados. Como síntoma, la campaña -errónea- que corre por las redes sociales de boicot a los productos alemanes. Volvemos siempre al mismo error, pagan justos por pecadores. Un dejà vue en muchos otros temas. Y es un error porque Alemania es algo más que Merkel y su ideología y hay que construir alianzas con aquellos que piensan como nosotros en el país germano. El ejemplo, los socialdemócratas alemanes, que celebran su congreso federal con un acento europeísta, nada más y nada menos que con un discurso incial del excanciller federal Helmut Schmidt. 
Schmidt advirtió de que “la confianza en la política alemana está dañada”, y que la política de Merkel daña la imagen de Alemania. Y es que los desequilibrios comerciales a su favor en el seno de la Unión Monetaria,  fundamenta en la “desproporcionada hegemonía económica del centro” de Europa harán que Alemania pierda a medio plazo. 
Frank-Walter Steinmeier, el jefe parlamentario socialdemócrata incidió en que Europa caerá en la insignificancia internacional si no sale más unida de la crisis. Tachó de “hipócrita” la actuación del Gobierno de Angela Merkel ante la crisis y pidió el voto al SPD como “el partido europeísta de Alemania”, con una serie de propuestas que la gran mayoría bien podríamos suscribir, en lo que definió como una “coalición para Europa”:
-la creación de un Fondo Monetario europeo, 
-el fundamento de una política industrial común, 
-la coordinación de las políticas sociales y laborales, 
-fortalecimiento de la disciplina fiscal, 
-la fundación de un “núcleo” europeo que sirva de “centro de gravedad” para la integración fiscal y presupuestaria, 
-la jerarquización de las tareas que debe asumir la Unión y las que no.
-un fondo europeo para saldar conjuntamente las deudas que superen el 60% del PIB de cada socio.
Así pues no caigamos en la tentación alemanofóbica, sino  construyamos una alianza inteligente con los europeístas alemanes. Seguro que tendremos diferencias, pero el objetivo común debería ser el mismo, un proyecto común.
Foto: El presidente del SPD, Sigmar Gabriel, aplaude al excanciller Helmut Schmidt. / FABIAN BIMMER (REUTERS) EL PAIS

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