domingo, diciembre 11, 2011

Sopa, bacalao, pastel de chocolate y helado: la cena que cambió Europa. ¿Como será la digestión? #ue

Suele pensarse que los Jefes de Estado y de Gobierno disfrutan de buenos manjares en sus encuentros y cenas, siempre a costa de los contribuyentes. Algunas veces suele ser así, pero las cenas de trabajo en el seno de las Instituciones Europeas suelen ser sobrias, servidas por un catering recalentado, es decir más bien mediocres. Quizás por eso, los resultados de las Cumbres y de las reuniones de trabajo suelen ser igual, más bien mediocres.

La cena del jueves 9 de diciembre en Bruselas del Consejo Europeo será recordada, ¡vaya que lo será!. Seguro que no será por la calidad de la comida, sino porque alumbró el inicio (o el fin) de una determinada manera de entender Europa. Hace unos meses ya escribí un artículo publicado en Euroefe bajo ese título, en el que denunciaba que estábamos aplicando una eutanasia lenta pero certera a la Europa política y social ante la incapacidad de los líderes europeos de consensuar las medidas necesarias para defender el proyecto europeo.

Esa larguísima cena, de la que ha salido un acuerdo in extremis para salvar el Euro, nos dejará sin embargo una pesadísima digestión. La imposición del Diktat franco-alemán de la "Europa de la austeridad", la autoexclusión del Reino Unido que paradójicamente fue lo que unió al resto, el revival del método intergubernamental, tras la larga lucha por el método comunitario. En definitiva, un nuevo inicio para la UE que nadie sabe muy bien como acabará. Se logró evitar el desastre y salvar el Euro, pero veremos si somos capaces de mantener en pie el proyecto original del proyecto europeo. Lo acordado esa larga noche, sin debate con la ciudadanía, constituye un cambio de naturaleza del proyecto europeo de 180 grados, volviendo al método de todo para el pueblo pero sin el pueblo. 

Tal como demuestra el menú de esa cena, Europa es hoy un continente políticamente triste que ha perdido buen aparte de su dosis de visión y de pasión. Ya lo expresó de forma clara en 2009 Felipe González: “parece que en el viejo continente, europeos somos todos, pero europeístas somos menos, incluso parece que cada vez menos”. 

Quizás asistimos -y ojalá me equivoque- a la definitiva liquidación de una determinada idea de Europa, la de los padres fundadores. La UE que emerge de esta cena es una incógnita, pero por lo visto hasta hoy, no genera pasión ni esperanza. ¡Vaya digestión nos espera!




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