Durante muchos años los europeístas hemos defendido la necesidad de caminar hacia un gobierno económico europeo. Ahora parece que estamos más cerca de conseguirlo, pero a costa de renunciar a una de las señas de identidad de la Europa de la segunda mitad del siglo XX, el keynesianismo económico, que tanto bien ha hecho a las políticas sociales y al estado del bienestar.
Con las conclusiones del Consejo Europeo de ayer, la UE renuncia a una de las medidas más importantes y eficientes para la contención de las crisis, las llamadas medidas económicas anticíclicas, esto es, reducir el impacto de la contracción de la economía aumetando el gasto público para contener los efectos negativos de la crisis. Medidas que permiten mantener las ayudas al desempleo, las pensiones, la sanidad y la educación en caso de reducción de los ingresos del estado durante una etapa de crisis, así como estimular la demanda para incentivar la actividad económica. Una política que está llevando a cabo Obama en los EE.UU frente a la restrictiva política monetarista europea. ¿Qué hubiera sido de Europa sin las medidas de aumento del gasto público durante los años 2008 y 2009?. Quizás hubiéramos asistido a un verdadero drama a escala europea.
Sabemos todos que el gasto público no puede ni debe ser ilimitado, pero renunciar a él por ley es un suicidio para las políticas sociales en Europa. Y claro, en un Consejo Europeo abrumadoramente de derechas, no es extraño que se hayan aprobado medidas encaminadas a limitar la posibilidad de finaciar medidas sociales en tiempos de crisis. Una gran victoria de la Canciller alemana Angela Merkel pero que hará que una vez más los más débiles pagarán los platos rotos.
El Pacto por el Euro Plus -aparentemente positivo-, consiste en una serie de compromisos que deben asumir los miembros del euro para impulsar la competitividad (a base de la contención salarial), fomentar el empleo (reformas del mercado laboral); asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas (control del gasto en pensiones, sanidad y prestaciones sociales) y reforzar la estabilidad financiera (reforma de la supervisión y nuevas pruebas de resistencia a la banca). Pero tras las disposiciones para reducir los desequilibrios macroeconómicos, se esconde la "barbaridad" de limitar por ley el gasto público y vincularlo únicamente al crecimiento económico. Algo que hará casi imposible aumentar el gasto público si en un futuro padecemos otra crisis tan devastadora como la que hemos padecido recientemente.
El Consejo Europeo aprobó también el aumento de la dotación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), el fondo financiero para emergencias o rescates como la de Grecia o Irlanda, dando así una de cal y otra de arena. En definitiva, el Consejo Europeo de marzo de 2011 quizás marque el inicio del gobierno económico europeo, pero quizás sea el inicio del fin de las políticas económicas progresistas en Europa.















