Estos días vivimos días convulsos en la izquierda política española. La severa derrota electoral, y la emergencia del movimiento 15-M están poniendo a prueba la madurez del socialismo español. El otrora todopoderoso Zapatero está en horas bajas y su autoridad se ha visto seriamente cuestionada. También el PSC está en plena ebullición. Desaparecido Montilla desde la derrota electoral de noviembre de 2010 y azotados de nuevo por una severa derrota electoral, los militantes de PSC, dirigentes, corrientes, familias y militantes, se han lanzado en una frenética carrera por renovar ideas y personas.
Si bien es evidente que ningún ciclo político dura para siempre, el ciclo de los liderazgos en la política podría compararse con el ciclo de vida de una empresa, en la que se identifican cuatro etapas: la introducción, el crecimiento, la madurez y el declive. Y es precisamente en los momentos de declive cuando emerge lo mejor y lo peor en los partidos políticos. El declive pone a prueba la capacidad de regenerarse y renovar ideas introduciendo mejoras programáticas, organizativas y ajustando los equipos, pero muchos se enrocan en sus posiciones, con una defensa tan numantina como inútil enquistando los problemas y llevando la organización al desastre. ¿Nos suena alguna de estas situaciones?.
Ese es de alguna manera el momemtum que vive el socialismo español, en la que algunos dirigentes han renunciado a la dicotomía "renovarse o morir" por el "sucicidarse o morir". Algunos piensan todavía que han sido circunstancias excepcionales los responsables del hundimiento electoral, como una crisis internacional sin precedentes. Dirigentes que solo siendo forzados, son capaces de mover ficha, intentando dejar todo atado y bien atado. Quizás piensan que la borrasca pasará y que las aguas volverán a su cauce en las siguientes elecciones, solo hay que esperar y aguantar lo mejor que se pueda.Pero no hay vuelta atrás, y el futuro no se construye mirando al pasado. No hay otro camino que reconstruir TODO: ideas, programa, actitudes, estructuras y personas. No sirve una manita de pintura para acicalar el partido. Tanto el PSC como el PSOE están condenado a construir un nuevo proyecto político. La nominación de Rubalcaba quizás era la solución menos mala a corto plazo, pero tanto el socialismo catalán como el español se enfrentan a una larga travesía del desierto en la que hay que invertir lo mejor de nosotros para volver a resurgir con fuerza y volver a conectar con el sector mayoritario de la sociedad.
Y para eso hay que innovar, que es el factor crítico de desarrollo en este siglo XXI. Y de lo más innovador que hemos visto estos años es la creatividad y dinamismo del movimiento 15-M, del que se pueden y se deben aprender cosas. Los partidos no pueden ser autistas, deben ser permeables y buscar puntos de encuentro con la izquierda económica y social del país. Porque de nada valen los parches, las guerras cainistas, las componendas o las luchas de poder, porque al final da lo mismo suicidarse o morir, el resultado es el mismo. Volvamos a empezar a reconstruir el edificio con talento, humildad y tesón.
