La crisis de la zona Euro está modificando por la puerta de atrás la democracia y la arquitectura institucional europea . No es solo ya el método comunitario el que se ve abocado a la segunda división, sino que el propio e inoperante intergubernamentalismo de los 27 ha quedado relegado, e incluso el tradicional liderazgo del directorio franco-alemán ha dejado paso al diktat de la todo poderosa Alemania. La fisonomía política europea se recompone o descompone, según como se mire.
Hay una regla de todos conocidos entre los insiders de las instituciones europeas, en la que se sabe que no es posible sacar adelante ninguna iniciativa con la oposición del eje franco-alemán. Más allá de la retórica política, los que hemos estado en las instituciones lo sabemos. Pero hasta eso ha saltado por los aires. Francia y Sarkozy, han dejado de hablar de tú a tú con los alemanes para pasar a ser unos simples convidados de piedra. Se juegan nada más y nada menos que la triple A de las oscuras agencias de calificación anglosajonas, y ha tenido que decir amén a cuantas imposiciones le ha sugerido su “amiga” Merkel.. Ahora a Sarkozy se le conoce como Merkozy en Bruselas.
Y es que Merkel ha conseguido imponer prácticamente todas las medidas acordadas en la última Cumbre de Jefes de Estado y de gobierno pese a las reticencias francesas:
-quita del 50% de la deuda griega por parte de bancos privados,
-recapitalización de los bancos, favoreciendo claramente a la banca mayorista centroeuropea, permitiendo compensar las minusvalías de los bancos expuestos en Grecia (alemanes y franceses) con las plusvalías conseguidas en otros países europeos, pero no reconociendo las plusvalías de los bancos españoles (minoristas) en América Latina,
-nada de que el BCE respalde la deuda de los países en problemas, y de eurobonos nada de nada.
Así pues, el proceso de toma de decisiones colectivas europeo ha quedado seriamente tocado, en una clara devaluación de las instituciones comunes en beneficio del Tribunal Constitucional alemán y de su gobierno. A los demás nos toca obedecer y callar. Si Francia ha tenido que pasar por el aro, imaginemos al resto de los socios europeos. Los periféricos bastante tenemos con lo de mantenernos vivos.
Hemos pasado definitivamente de los tiempo del Directorio franco-alemán, al Diktat de un solo país: Alemania. Desde luego una democracia europea sui generis.


