Aquellos que proclamaban victoria y nos dijeron "hemos salvado el Euro" en la Cumbre de Bruselas de la semana pasada, ven ahora como la alegría se diluye en preocupación. La apisonadora alemana, no deja ni un resquicio para la flexibilidad. Además de imponer el diktat de la "Europa de la austeridad", incluso se permite desautorizar al presidente del Consejo Europeo Herman Van Rompuy, que había anunciado ante el Parlamento Europeo que en los próximos tres meses estaría lista la revisión del techo de medio billón de euros para el fondo de rescate que sustituirá al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera.
La consecuencia de ello, el euro cayó en poco más de una hora un 1,4%, las Bolsas más importantes de la zona euro cerraron en rojo. La prima de riesgo española, que había bajado 30 puntos básicos a lo largo del día, repuntó hasta los 368. Toda una demostración de "irresponsabilidad" de la que se supone debe liderarnos hacia la salida de la crisis.
Con ello se demuestra que
el grupito de Franckfurt, no es tal, simplemente son los teloneros de Merkel. Estos que se escandalizan por la desautorización de la Canciller, son los mismos que enviaron el pasado agosto,
una carta al gobierno español exigiéndole una "devaluación competitiva" de los salarios y la creación de una nueva categoría de empleos con sueldos por debajo del salario mínimo interprofesional,
los llamados mini-jobs, es decir exportar la llamada "Agenda 2010" de recortes sociales y laborales llevada a cabo en Alemania desde 2003.
¿Un modelo alemán para Europa?
El problema es que
no se pueden aplicar las mismas recetas para todos, y Alemania no está exenta de contradicciones. Como bien explica el corresponsal de La Vanguardia en Berlín Rafael Poch, la diferencia es que
Alemania tenía un terreno mucho más holgado para recortar, un estado social mucho más fuerte y unos salarios más altos, y que los ajustes se hicieron gradualmente, pues comenzaron en los años noventa, poco después de la desaparición del bloque del Este. Sin embargo los afectos sociales han sido enormes y
Alemania tiene nada más y nada menos que 7,3 millones de trabajos precarios.
Y es que no es oro todo lo que reluce de la locomotora alemana. En la Alemania de hoy, una de cada cuatro relaciones laborales está marcada por el subempleo y la precariedad. Si en 1995 el subempleo afectaba al 15% de la masa laboral, hoy lo hace casi al 25%: 7,3 millones de personas. Lo que para unos es un avance empresarial para "flexibilizar el mercado laboral", para otros es un eufemismo de degradación y desempleo encubierto. El gran reajuste alemán apuntaló una estrategia empresarial nacional, basada en el retroceso salarial para incrementar la competitividad exportadora alemana y los beneficios de sus empresas, beneficios que se invirtieron por todo el mundo contribuyendo y financiando, entre otras cosas, burbujas inmobiliaria de Estados Unidos, de Irlanda o España.
Así pues cuidado con copiar soluciones para los que no estamos preparados. El problema principal no solo pagar poco por un empleo, que no es el único elemento clave para la competitividad, intervienen otras muchas cosas. La baja productividad, la cualificación y la educación, la precariedad del empleo y el subempleo, el fraude, el sistema de protección social, etc. Si queremos las recetas alemanas, mejor quedarnos con lo bueno también. No es justo recetar terapias a medias. Pero es que además, la súper competitividad alemana de los últimos años, está basada en desequilibrios y la insolidaridad, tanto hacia adentro como hacia el resto de la UE, hasta el punto que Alemania se ha convertido en el líder europeo en desarrollo de su sector de subempleo precario y la esperanza media de vida para los pobres ha caído dos años en los últimos diez, señala un informe publicado ayer por el Saarbrücker Zeitung. A mí ese modelo no me gusta del todo.......