Todos hablamos de la necesidad de regenerar la política, la economía y las instituciones. No hace falta explicar mucho el porqué: la gravedad del descrédito de la política y el agotamiento del modelo económico que nos ha traído hasta aquí urgen la búsqueda de nuevas coherencias.
La gente ha dicho basta. No quieren más parches ni cuanta cuentos, quieren líderes que actúen como tales. De hecho podríamos afirmar que estamos en un nuevo proceso constituyente, ya que las actitudes, las aptitudes y las personas que nos han traído hasta aquí, no hace otra cosa que quemarse en las hogueras de sus propias vanidades. Es hora de regenerar el tejido político y el músculo social para atrevernos a un nuevo inicio con códigos, formas y personas diferentes. Pero...¿es eso posible?
Esta semana he leído dos artículos que muestran con brillantez y crudeza el estado de emergencia y desolación política en la que nos encontramos y que os invito a leer:
Uno, la entrevistas al siempre brillante sociólogo Manuel Castells "La izquierda ha desaparecido", a raíz de la publicación de su reciente libro "Redes de indignación y esperanza". De la entrevista destaco el siguiente párrafo: "Hoy, en términos políticos, estamos en un periodo constituyente. No desaparecen los partidos conservadores, pero la izquierda está en crisis, pese a que hay un espacio de centroizquierda que no se llena porque la ley electoral funciona como mecanismo de bloqueo". "Los partidos españoles se sienten acosados, creen que si se abren desaparecen. Y tienen razón, sobre todo, la izquierda. Y eso es dramático."
Otro el brillantísimo pero duro artículo de Jose Luís Álvares "La reforma radical del PSOE", que describe precisamente el mudos operandi de los aparatos y el liderazgo de una izquierda, más preocupada por su supervivencia que por ofrecer esas necesarias nuevas coherencias: "el trabajo del liderazgo en un partido es la quiebra de las rutinas e inercias estructurales e ideológicas para mantener libertad estratégica, el tensionar constantemente la organización para hacerla adaptable a la sociedad. Liderazgo y organización son opuestos. La función del liderazgo es vencer la resistencia al cambio de la organización. Pero es tal la inercia de los grandes partidos que los aparatos acaban desgastando a los líderes. Por ello es prácticamente imposible transformar un partido sin la legitimidad y oportunidad de una gran crisis, sin una refundación, sin una reforma radical."
Recomiendo leer estos dos textos, porque para (re)generar la política, la economía y las instituciones no hace falta una revolución, si no las reformas sostenidas y sostenibles preservando la cohesión y la justicia social.
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