Gracias a mi amigo David Redoli, sociólogo y experto en comunicación política, he prestado especial atención a uno de los mejores artículos de opinión que he leído en muchos años del profesor José Luis Álvarez, doctor en Sociología de las Organizaciones por la Universidad de Harvard. Una magnífica y brillantísima reflexión sobre la desigual batalla que libran hoy los trabajadores representados en el sindicalismo clásico nacional, frente a las élites económicas globalizadas.
Bajo el título "El 29-M contra la Internacional Capitalista", Álvarez analiza una de las debilidades que tiene el sindicalismo hoy, que es organizativo. Y es que con mercados de trabajo globalizándose rápidamente, las élites del mundo ya no tienen como referencia vital sus países de origen ni el otrora todopoderoso estado-nación. Hoy los gobiernos nacionales, apenas pueden decidir las grandes líneas políticas, ya que son meros ejecutores de decisiones de organismos internacionales como la UE. Así frente a políticas dictadas en entornos globales, los instrumentos de acción de los trabajadores siguen siendo obsoletamente locales.
Asistimos así a una batalla desigual, no solo por la asimetría en la potencia de fuego y en lo smedio spara poder incidir en la sociedad de hoy, sino porque no hay hoy por hoy modelo alternativo pese a que nos duela reconocerlo. No hay un modelo laboral alternativo al del gobierno actual. La socialdemocracia tiene una estrategia declarartiva, pero no un modelo real y posible alternativo que hayamos probado con éxito, al menos en Europa. Las élites económicas socialdemócratas pertenecen al E pluribus unum de esa gran Internacional Capitalista que existe de facto en el mundo.
Las élites estudian juntas en las mejores universidades norteamericanas, se vuelven a reunir en lugares como Davos y foros similares, donde reafirman sus valores ecuménicos, racionalistas, financieros y científicos, trabajan para las mismas organizaciones, guardan el dinero en los mismos bancos, gozan de similares ventajas fiscales e invierten en los mismos fondos. (.../...) Mientras que los trabajadores y sindicalistas carecen de coordinación tácita: no coinciden en las universidades porque muchos no estudian, no trabajan juntos porque muchos están desempleados, no protestan al unísono porque la resistencia es local, como el 29-M, “huelga-general-en-un-solo-país”. Las clases populares necesitan mecanismos explícitos, formales, jerárquicos, disciplinados, especializados y, sobre todo, globales de coordinación.
Así pues que cada uno saque sus conclusiones: La huelga quizás es necesaria, pero el gran reto reside en el día después.