Acabo de leer una de las entrevistas más lúcidas sobre el momento que vive Europa en el diario EL PAIS “Europa tiene dos opciones: federación o desintegración”. El historiador Niall Ferguson (Glasgow, 1964) ha presentado en España su libro Civilización. Occidente y el resto (Debate). Este profesor de Harvard, Oxford y Stanford no tiene pelos en la lengua y considera que el futuro de Europa está en manos de Alemania, cuyas clases dirigentes se miran el ombligo y se desentienden del resto de Europa.
Ferguson nos advierte de que si el proyecto europeo se hunde, caeríamos en el caos, la irrelevancia y a la decadencia más absoluta, algo que muchos no creen, pero lo cierto es que la UE se desliza por una peligrosa pendiente que nos lleva al colapso. Entre las muchas razones que desgrana hay algunas que invitan a la reflexión:
Los seis elementos que permitieron a Europa dominar el mundo se esfuman. La competencia entre los países y dentro de los países, la revolución científica, el imperio de la ley y el gobierno representativo, la medicina moderna, la sociedad de consumo y la ética del trabajo. Ahora, el resto del mundo los está copiando con éxito y nosotros damos muchas cosas por hechas; esencialmente nos preocupamos por las que no importan.
Crisis de la deuda. La deuda es el síntoma de que se quiebra lo que Edmund Burke llamó el contrato social entre generaciones, y lo irónico de esos jóvenes que se manifiestan contra la reforma fiscal es que ellos son los que más desesperadamente necesitan que el Gobierno español deje de tomar prestado el 9% del PIB cada año, porque serán los que acabarán pagándolo.
Inmigración. El cambio demográfico nos crea un dilema: ¿les decimos a los inmigrantes: “Esto es Europa y esta es la lista de normas y costumbres que usted tiene que adoptar”? Esto es lo que hacen los norteamericanos. ¿Lo hacemos o continuamos con esta política de multiculturalismo que ha producido guetos? Los inmigrantes en Estados Unidos están bajo una presión mucho mayor que en Europa para convertirse en americanos. Haga lo que haga la primera generación, sus hijos han de ser estadounidenses. Siempre ha estado claro que uno se hace norteamericano porque asume la Constitución y todo lo que esto implica, y también una serie de comportamientos que homogeneizan. El problema en Europa es que no se ha hecho ningún esfuerzo real en forzar la integración, sino lo opuesto, aplicando el multiculturalismo.
Estas y otras interesantes reflexiones reflejan el declive de Europa. ¿Será inevitable? Queremos creer que no, pero con los actuales liderazgos políticos y económicos no creo que podamos ser muy optimistas. Pintan bastos para los europeos en los próximos años.
